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 SAN AGUSTIN, LEGADO MAGICO DE NUESTROS ANTEPASADOS

 Escribe el relato: Gloria Segura

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San agustin. legado magico de nuestros antepasados

 San Agustín, Colombia — viernes, 8 de julio de 2011

“....Y a la verdad en la mayor parte de Indias se tiene mas cuidado de hacer y adornar la sepultura donde han de meterse después de muertos, que no en adornar la casa en que han de vivir siendo vivos”

Mi viaje a San Agustín como todos mis viajes fue preparado con lecturas,  mágenes, historias contadas. Mi objetivo era ir con los sentidos despiertos y dispuestos para disfrutar a plenitud. San Agustín tenía para mí mucha magia, energía, historia, leyenda, importancia arqueológica pero la realidad superó la información y me encontré con una topografía impresionante, las estatuas herencia maravillosa de nuestros indígenas, el río Magdalena en su comienzo, las hondonadas, las montañas, la inmensidad del panorama, el silencio mientras se camina cuesta arriba o cuesta abajo, el trino de los pájaros y el susurrar del viento por entre la vegetación espesa y muy verde, una que otra serpiente que cruza por el estrecho camino, piedras por todas partes, piedras con historia de formas elaboradas, piedras talladas por manos maestras y una lluvia suave que tardaba unos segundos para dar paso de nuevo al sol en toda su plenitud.

Desde Bogotá con una mochila a la espalda, mi cámara de fotos y mi capacidad de observación al límite tomé un vuelo hasta Neiva. Inmediatamente abordé un pequeño bus que me llevaría a San Agustín. Durante 4 horas el paisaje comenzó a cambiar, cada vez subíamos más y la planicie dio paso a los cultivos, a los bosques, a las pequeñas parcelas, pequeños pueblos como Gigante donde se encuentra una Ceiba enorme plantada por José Hilario López y que estuvo a punto de desaparecer por la “genial” idea de un alcalde de cortarle sus raices para que no dañara el pavimento. Gigante, nombre dado a este pequeño pueblo porque dice la tradición oral que alguien encontró un hueso humano de mayor tañaño y el rumor se extendió creyendo que en esa región habían existido gigantes.

Timaná y su emblemática y valerosa Gaitana que viendo cómo asesinaron a su hijo cobró venganza en la persona de Pedro de Añasco, historia o leyenda que aprendimos en el colegio. Altamira famosa por sus bizcochos de Achira y Pitalito por sus Chivas coloridas y mercados de pueblo elaborados en cerámica para llegar finalmente a las estribaciones del Macizo Colombiano imponente, verde, hermoso....donde se encuentra enclavado San Agustín con algunas calles blancas empedradas, otras con mucho comercio agrícola y ganadero, gente amable y un paisaje envidiable. A dos kilómetros está la Hacienda Anacaona donde me alojé. Esta es una casona rodeada de corredores con hamacas para el descanso después de las largas caminatas.

Guacamayas, loros, monos, perros, patos, un pavo real, flores a granel, maíz, café, plátano, muchas artesanías y cuadros alegóricos al sitio en sus corredores, una cocina abierta y grandes ventanales que dan paso al paisaje imponente del Macizo Colombiano. Las habitaciones de techos muy altos y el frío que abraza en la noche esta región hicieron del inicio de mi viaje la mejor bienvenida.

Mi primera visita fue al Parque Arqueológico donde se encuentran la mayoría de las estatuas, único lugar en el mundo que tiene 500 figuras talladas en piedra por escultores indígenas. Lamentablemente ha sido también un lugar saqueado brutalmente y parte de la historia de nuestros antepasados borrada por personas que solo conocían el valor material y no la riqueza de los grupos humanos que habitaron esta región. En estos monumentos funerarios se percibe la filosofía,
la sabiduría, la mentalidad de nuestros indígenas así como el sentido que le daban a la vida y a la muerte.

Cuatro mesitas me llevaron a contemplar con respeto y admiración estas obras maestras realizadas solo con las manos y precarios instrumentos, cuatro mesitas en las que se iba viendo la jerarquía de los que allí reposaron, su categoría social, religiosa, militar, su modo de vivir, su modo de pensar, recorriendo grandes explanadas rodeadas de una vegetación exhuberante, subiendo montañas para encontrar una nueva mesita y llegando luego a Lavapatas un lugar mágico, sagrado, un lugar de vida ya que allí las indígenas se retiraban a dar a luz a sus hijos teniendo las pequeñas corrientes de agua como comadronas y purificadoras de ese nuevo ser.

Un domo de acrílico le resta autenticidad al lugar pero no le resta importancia porque el sitio supera en belleza. Indígenas geniales en el arte de la ingeniería, de la simbología, de la ecología, de la distribución del agua proveniente de la Quebrada Lavapatas, todo conjugado en este lugar maravilloso que invita a la meditación y a la contemplación escuchando cómo el agua pasa por todos los pequeños canales y besa las piedras grabadas con figuras de animales y humanos de gran importancia en la vida de nuestros antepasados. Todo tiene su razón de ser en esta magnífica obra escultórica destinada a las ceremonias. Dejo Lavapatas y subo por un sendero de piedra, muchos escalones pero el final una vista de 360 grados desde una montaña cortada en su cima dando lugar a una planicie hermosa, no muy grande pero a la vez imponente.

Resguardada por una gran estatua llamada “El doble yo” representación del poder y sentido religioso, personaje masculino con rasgos animales en su rostro como colmillos de jaguar, ojos rasgados (según estudios, posibilidades de transhumancia o leyenda, de pueblos que llegaron a América “saltando” de isla en isla desde Oriente) Allí se encuentran las tumbas de los niños con una simbología hermosa porque según nuestros indígenas eran los mas puros por lo tanto merecían estar más cerca del sol, de la luna, del cielo, de la eternidad.....Alrededor el Macizo Colombiano muestra su imponencia, el cielo parece abrazar las montañas, el viento me acaricia, escucho el trino de muchos pájaros mientras cae una leve lluvia sobre la meseta donde reposaron los más pequeños.

Un escenario para guardar silencio y dejar un mensaje de reconciliación hacia una cultura que fue saqueada, maltratada, abusada y hasta cierto punto olvidada. Un escenario digno de ser guardado en la memoria para siempre como un punto en el universo donde se encuentra la verdadera paz. De nuevo bajo hacia la última mesita y mi admiración crece al ver esas enormes piedras talladas.

El águila y la serpiente es una constante en las estatuas de San Agustín, los rasgos antropozoomorfos, la representación de animales protectores sobre la cabeza de guerreros, Los ojos de las estatuas tienen los mismos rasgos de la mirada del águila mientras otras miran con ojos muy abiertos. Todas estas figuras se encuentran custodiando la entrada de los monumentos funerarios como demostrando la entrada a una nueva vida, como un túnel que lleva al sitio donde está el cuerpo y las pertenencias del indígena que ahí reposa.

Tumbas orientadas hacia la salida del sol, figuras mirando en una misma dirección, algún lugar de importancia para los indígenas, un lenguaje de gran comunicación espiritual con las fuerzas de la naturaleza. Sabios maestros del arte, de la astronomía, de la espiritualidad......Hay que verlo detenidamente y con respeto. Entre tantas estatuas, me encantó una que inicialmente fue encontrada en posición horizontal, ahora está de pie, mide casi 5 mts y represanta un parto. La mujer que da a luz con la expresión de dolor en su rostro, la frente surcada de arrugas, la partera que recibe al niño, toda una representación del inicio de la vida, esa vida que para ellos era solo un aprendizaje que les preparaba para la vida mas importante, eterna y verdadera que era la muerte. Saliendo de nuevo a la casona que conserva otros tesoros me dirijo a un sendero donde hay otras estatuas que fueron colocadas en medio de la naturaleza. Un recorrido bajando y subiendo por un sendero estrecho, admirando no solo las figuras sino la vegetación exhuberante, los grandes troncos del árbol “Matapalo” que se enredan formando nudos y curvas cerradas detrás de las estatuas, un animalito de monte parecido a un armadillo que sale de la espesura y luego al sentir que hay humanos asustado vuelve a su hábitat. Al finalizar el recorrido un delicioso café me reanima. Vuelvo a la Hacienda Anacaona a descansar con la cabeza llena de imágenes hermosas y el corazón contento y agradecido por semejante regalo de la naturaleza.

Muy temprano me despierta la algarabía de los loros y guacamayos, el sol que entra por las ventanas y un delicioso desayuno que me dará la energía necesaria para la jornada del día. Bajo al pueblo y acompañada de Carlos, un guía experto y con la sabiduría natural de quien ha vivido en este sitio, recorro las calles de San Agustín, escucho la historia, la tradición oral sobre los primeros pobladores, aquellas épocas en las que no existía el correo y una sola persona se hizo casi dueña de todo el pueblo vendiendo loza.

Calle de la Locería, la mas antigua, empedrada, con grandes casas blancas, balcones para ver el paso de las recuas, grandes patios para dejar los caballos hasta que llegó la carretera y el comercio comenzó a quitarle el poder a quien vendía la loza. La plaza de mercado con una variedad de productos agrícolas, insumos para laagricultura, el ganado, aperos para los caballos, ropa, sombreros, un colorido paisaje. La plaza principal, pequeña pero agradable, la iglesia que en otra época tuvo un altar barroco que algún clérigo “despistado” quitó para llevarlo a otra iglesia y pintar de dorado lo que en originalmente era laminilla de oro. Los corrillos en el parque, lugareños, artesanos, extranjeros, escolares. Después de almorzar en un restaurante orgánico y tomar una deliciosa taza de café me traen un caballo y con mi guía comenzamos una cabalgata hasta “La Chaquira” Por senderos llenos de lodo los caballos avanzan lentamente pero el paisaje es maravilloso.

Colinas un poco más suaves, árboles repletos de guayabas, potreros con reses que pastan y en un sitio dejamos los caballos para seguir a pie bajando unas escaleras que nos llevan a un profundo cañón por donde corre el Río Magdalena, vamos buscando La Chaquira una serie de rocas talladas enfrentadas al abismo del cañón. La principal en posición de adoración llamada “La Diosa de la Chaquira” está rodeada de figuras de simios en movimiento que mirando al oriente parece que vigilaran los movimientos del sol.

El espectáculo es impresionante, el río parece un pequeño hilo entre la hondonada. Nuestro Río Magdalena solo tiene unos kilómetros de nacido, está limpio, caudaloso y de un color que parece aguapanela. De nuevo subimos por a empinada escalera sin dejar de mirar hacia atrás para contemplar de nuevo el paisaje. Los caballos han descansado y seguimos por estrechos senderos hasta llegar a “El Tablón” otro sitio dondese encuentran varias tumbas, hermosas, imponentes como lo es todo en este pequeño lugar del planeta. Una mujer me explica el calendario Maya, el significado de la fecha de mi nacimiento, quién me cuida, quién soy yo en el universo, “Usted no vino aquí por casualidad.....” me dice. Solo yo sé que es verdad y que esta tierra tiene una energia especial. Seguimos el camino contemplando hermosos cultivos de lulo, café, caña de azúcar y finalmente salimos a la carretera donde dejamos los caballos y nuevamente me dirijo a la Hacienda para descansar.

Muy temprano me recoge el guía en un taxi y nos dirigimos al estrecho del Magdalena. En este sitio nuestro emblemático río es apenas una pequeña quebrada. Ese día estaba crecido y el ruido que hacía su caudal chocando contra las piedras era ensordecedor. Los árboles de las orillas inclinados al paso del agua otras veces mansa, una estatua de la Virgen sobre una piedra vigila el paso del agua.

Nuestro RióMagdalena llamado por los indígenas con diferente nombre. Desde su nacimiento hasta Natagaima era llamado “Guacahayo” que quiere decir Río de las Tumbas por los monumentos funerarios de la zona. Desde Natagaima hasta Honda “Avarali” que quiere decir Río del Bocachico o Pez Dorado por la subienda. Desde Honda hasta Mompox “Yuma”que quiere decir Río Amigo ya que allí se reunían las tribus y desde Mompox hasta Bocas de Ceniza “Caripuana” o “Caripuaña” que quiere decir Río del Caimán dada la abundancia de este reptil en sus aguas. El entorno es bello, vegetación verde, enormes piedras y el agua que pasa torrentosa, limpia, helada. El viento y la lluvia acompañan el recorrido por el Estrecho del Magdalena, subimos de nuevo donde nos espera el Taxi y admiro las artesanías de los lugareños, Lindos sombreros de fibra de plátano, muñecas tejidas y réplicas de los monumentos funerarios bellamente tallados.Vamos hacia Obando un pequeño pueblo rico en cultivos de caña, guadua, café, fique y aguacate. En la plaza del pueblo visito el Parque museo donde se encuentran 8 tumbas, vasijas y fragmentos de cerámica y la historia y costumbres domésticas de los indígenas que habitaron el lugar. Un pueblo tranquilo rodeado de montañas.

La visita al Salto de Bordones es algo mágico. Entre las rocas una caida de agua de color aguapanela que se va convirtiendo en una nube blanca mientras cae. Un salto que el tercero en el mundo por su altura cae estrepitosamente para seguir su curso hasta unirse al recién nacido Río Magdalena. Desde un ángulo privilegiado vemos el cañón, el salto y las enormes montañas que nos rodean.

Seguimos hacia Isnos otro pequeño pueblo que estaba en su día de mercado. El
bullicio de la música popular, la aglomeración en la plaza de mercado, la riqueza de los productos que se venden, objetos para la cocina, ropa colorida y los parroquianos haciendo corrillos en los pequeños negocios de comida y bebida. Un poco más de camino para llegar al Alto de los Idolos, dejamos el taxi y subimos por unas empinadas escaleras de piedra hasta llegar a una planicie en forma de herradura que fue antes una hondonada y que nuestros aborígenes rellenaron haciendo de ella un sitio especial para los monumentos funerarios más elaborados por sus esculturas antropomorfas y zoomorfas, su tamaño, las tinas ceremoniales y la presencia de pintura en las piedras. El entorno es un bosque precioso, muchos árboles frutales y la presencia de pájaros que alegran con sus cantos.

Una lluvia fina nos acompaña durante el recorrido dándole un carácter misterioso y majestuoso a estos monumentos funerarios tan elaborados y enriquecidos. Allí se encuentra la estatua más grande de todas las que existen en San Agustín. Lajas enormes sirven de cubierta a los monumentos funerarios, figuras guerreras, figuras protegidas por animales, todo esto complementa la riqueza de este conjunto funerario. Bajamos y nos encontramos con una pequeña casa de madera que ahora guarda los recuerdos fotográficos de Juan Friede un investigador europeo que llegó a este sitio a estudiar la cultura agustiniana. Su casa tiene un sistema de ruedas que hacen que gire hacia el sitio por donde sale el sol en el solsticio de verano o de invierno.

El sol importantísimo para la vida material y espiritual de los indígenas tiene una luminosidad especial en este lugar. De repente sale en todo su esplendor y la lluvia cesa. En las mañanas despierta desde muy temprano e ilumina las enormes montañas, las planicies, las hondonadas y en las tardes es tibio pero siempre luminoso. Regresamos a Isnos para almorzar y seguimos hacia San Agustín por otro camino deteniéndonos en el Salto del Mortiño, otra cascada monumental, podemos observarla mucho más cerca ya que sobre el abismo del cañón han construído una pequeña plataforma que sobresale al vacío mas o menos un metro. Desde ahí el panorama es bellísimo, la naturaleza y la inmensidad me hacen sentir privilegiada por estar contemplando este paisaje. De nuevo en camino hacia San Agustín contemplamos otra pequeña cascada llamada por los lugareños la Cascada de Bolívar pues según la tradición oral entre las rocas se ve una figura que ellos identificaron como nuestro Libertador....hay que mirarla varias veces para tratar de descubrir la figura. Al llegar disfruto de un merecido descanso recostada en una hamaca de Anacaona.

Mi viaje está llegando a su fin pero mi corazón está feliz, mis ojos repletos de imágenes bellas y majestuosas y mi mente de conocimientos, leyendas e historias fantásticas. Es como haber viajado al pasado para descubrir la sabiduría, la espiritualidad, la filosofía de vida de nuestros indígenas. Amanece en Anacaona y bajo a San Agustín para recorrer por última vez el pueblo, comprar algunas artesanías y tomar el bus que me lleva a Neiva. La palabra que se me viene a la mente para describir este viaje es “Mágico” .

Enriquecedor en todo sentido, reconciliador con nuestros antepasados, de admiración por las enseñanzas que nos dejaron y de mucho respeto por una cultura milenaria que a pesar de todos los abusos que ha sufrido no desaparece porque es demasiado importante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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