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 LOS HABITANTES DE LA ARENA

 Escribe el relato: Juan José Maicas Lamana

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LOS HABITANTES DE LA ARENA

           

Día 1: Por fin se realiza un viejo proyecto, visitar la RASD (República Árabe Saharaui Democrática). Partimos vía Orán a Tindouf (Argelia), es diciembre, huimos del consumo y la opulencia en plena campaña prenavideña, a un mundo opuesto, en las antípodas. El pueblo saharaui, los habitantes de la arena, así los llama un periodista. Ahora se encuentran en un momento difícil, ¿más aún? Su futuro se discute en demasiados despachos. Una sociedad que rezuma dignidad por todos sus poros, donde los valores humanos se mantienen intactos. El Frente Polisario sostiene con éxito la unidad de su pueblo, basándose en la integración, en la educación plena.

            Un avión argelino nos transporta al Sahara con algún retraso y con mucho movimiento a causa de las turbulencias. Aterrizamos en Tindouf, y un autobús que en su primera vida transportaba ciudadanos en alguna ciudad del País Vasco, nos desplaza por el desierto en una oscura noche hasta Rabuni; una población con sedes ministeriales y órganos de poder de la RASD. Nos integran en el “programa general” (visitas de hospitales, colegios, Wilayas-provincias).

 

Día 2: Nos despertamos en una sala con unas cuarenta colchonetas y casi llena de españoles de distintas autonomías. Con cierta energía ante un nuevo día nos dedicamos a visitar el hospital general de Rabuni, salas, quirófanos, enfermos. Mantenemos una entrevista muy amena con el Ministro de Sanidad Omar Mansud. Nos ofrece los tres típicos tés. La población tiene garantizada la educación, la sanidad y la vivienda, aunque en precarias condiciones, debido a la falta de recursos. El grupo lo formamos cinco personas, una de ellas es cooperante. Nos trasladamos a Rabuni en un todo terreno. Pactamos una visita a El Aáiun, tenemos que entregar un dinero que nos dieron en Zaragoza para un niño saharaui. Las primeras impresiones son buenas, algunas esperadas, ya íbamos predispuestos. No hace calor. Por la noche tenemos algo de frio. La gente es amable, hospitalaria. Como suele pasar en estos países, no existen las prisas, todo es pausado. El tiempo no tiene sentido.

            El movimiento del 4X4 es continuo, circulamos a través de caminos desdibujados. Notamos cierta descoordinación. Tengo la sensación de que Argelia utiliza en su provecho la presencia de los saharauis en su territorio. Toda la ayuda humanitaria pasa por este país, y muchas de las cosas que compran lo hacen en Tindouf. Tenemos mucha precaución con el agua y los alimentos crudos. En general los visitantes tienen un perfil común. Hablamos largo y tendido con una cooperante, sobre su trabajo aquí, su estancia va a durar ocho meses.

            Hay periodistas del Heraldo de Aragón, el Periódico, Radio Zaragoza... Un cámara de Canal Sur, nos pone al corriente sobre muchos aspectos de la vida cotidiana en los campamentos. La Hamada, es la zona al sur de Argelia que ocupan los saharauis, un lugar inhóspito, donde la vida es dura, demasiado dura, igual que su paisaje. Una tierra de vientos y estrellas. Todo lo que nos rodea se encuentra en los limites de la pobreza.

 

Día 3: Algo curioso, los que nos sirven la comida en Rabuni son prisioneros marroquíes. Después de tomar el té en Información General, nos asignan un todo terreno, un chofer y un guía. Partimos hacia Ausserd, se hace de noche en el camino, recorremos unos veinte kilómetros. Vamos a pasar la noche en una haima. Allí cenamos y descansamos. También intercambiamos regalos con sus moradores. Nos dejaron la espaciosa tienda para nosotros cinco, más que suficiente para dormir, pero antes cenamos cuscús y ensaladilla de patata, de postre clementinas y melocotón en almíbar.

 

Día 4: Me levanto sobre las seis de la mañana. Deseo ver amanecer y hacer unas cuantas fotos. El sol parece que va a incendiar en cualquier momento la tela color caqui de la haima. Una ligera brisa me hace temblar. La vida en el campamento empieza a despertar, los niños salen de todas las partes, las mujeres de figura espigada y piel morena son las grandes protagonistas en esta aventura, donde todos sus moradores son justos, nobles... Las emociones, los descubrimientos son continuos. Que difícil es expresar con palabras lo que el cuerpo y la mente sienten.

            He pasado algo de frío. Desayunamos, pinchos de carne de camello. Salimos hacia el Aaiún, debemos realizar varios encargos. La población infantil es abundante, les vamos obsequiando con bolígrafos, caramelos, globos. La gente es hospitalaria y amable. Más tarde nos dirigimos al mercadillo para comprar algunas cosas. Este campamento ocupa una gran superficie, lo habitan unas cuarenta mil personas en una situación de total provisionalidad. La calle principal está muy animada, tiendas y muchos españoles visitando a familias saharauis que han tenido niños durante el verano en España.

            Aquí tenemos un ejemplo claro de la arquitectura del adobe, las haimas están siendo sustituidas por construcciones de ladrillo fabricados con arena y secados al sol, las cocinas y los WC ya son de adobe. Volvemos a Ausserd, nuestro chofer esta echo todo un piloto de rallys, gastamos algunas bromas con él. Notamos que a pesar de ser musulmanes, apenas practican el Islam.

            Visitamos varios departamentos del hospital, y mantenemos una entrevista con su director. Intercambiamos impresiones con los pacientes y una médica que ha completado sus estudios en la universidad de Camaguey (Cuba). Nos comenta que no hay otro lugar en el mundo como los Campos de Refugiados del Sahara; es muy posible que tenga razón. Nos llevan a otro hogar, después de hacer algunas fotos, tomamos un té caliente y oloroso. Prácticamente todos los médicos han estudiado en Cuba. Su castellano es perfecto, aunque con acento antillano. ¡Ah!, y bailan salsa como nadie. Comemos en la casa de la novia del guía. Vemos a muchos niños que nos saludan con el signo de la victoria. Partimos hacia Smara, importante Wilaya (provincia), para conocer una escuela; a ella asisten unos dos mil estudiantes, al acabar las clases bajan la bandera y cantan el himno nacional. Repartimos distinto material escolar. De vuelta hacia Rabuni, paramos en casa del chofer a tomar un café para variar. El poblado se llama Veintisiete de Octubre y es donde vive el presidente de la RASD. En el camino nos sorprende la puesta de sol y observamos ensimismados el ocaso, un gran espectáculo, que sólo se deja ver así en el desierto.

            Una vez en Rabuni y después de cenar visitamos a los cooperantes médicos cubanos, hablamos con uno de ellos largo y tendido. Por la noche apenas dormimos, ya que salen varios vuelos hacia España, en el dormitorio se arma gran revuelo, nos despiertan continuamente. Tengo que salir al exterior a observar las estrellas, no recuerdo haberlas visto nunca así, tan brillantes, debido sobre todo a la falta de contaminación.

 

Día 5: Mientras desayunamos conocemos a varios cooperantes: psiquiatras vascos, en una comisión médica. Un nuevo chofer nos lleva a visitar el museo militar, repleto de material bélico incautado al ejercito marroquí. Carros de combate, fusiles, morteros, minas... Luego al museo nacional, historia, objetos, artesanía, también al Centro de Formación de Mujeres, todas ellas van ataviadas con su melhfa, una especie de sari. Van hablando en hasania, un dialecto árabe. Despiertan una inmediata sensación de confianza. Por la tarde vamos a un hospital, visitamos varios departamentos. A continuación nos dirigimos a un mercadillo a comprar fruta y vuelta a “protocolo” a preparar el equipaje. Salimos hacia el aeropuerto a las veintiuna horas, sobre la una de la madrugada despega nuestro avión hacia España.

Algunas reflexiones: Consideramos el viaje como bastante positivo. Repleto de experiencias. Es un pueblo al que le sobra dignidad, pero con muchas carencias, que está recorriendo un camino muy cuesta arriba. Con un objetivo claro, ganar la batalla a Marruecos; en ello están, cuentan con la ayuda de miles de personas en todo el mundo, solidarizándose de todas las formas que se pueda imaginar.

 

            KALAM MEN YAFHAM LEKLAM.

            Háblale a quien comprenda tus palabras.

            (Proverbio saharaui)

 

SAHARA EN EL CORAZÓN

 

            El frío de la noche ha dejado paso al sol, éste, parece que va a incendiar en cualquier momento la tela color caqui de la jaima, pese a ser una hora aún temprana. Una ligera brisa, no consigue mitigar los ardores del astro rey. La vida en el campamento empieza a despertar.

            Todo lo que nos rodea se encuentra en los límites de la pobreza. La vida cotidiana se desarrolla en unas condiciones muy duras. Cada día, el hambre se asoma, acecha.  Decenas de niños salen de todas las partes, que junto a esas mujeres espigadas, morenas, son los grandes protagonistas. Y esos hombres del desierto, que se dejan oír  en este cementerio silencioso, donde todos sus moradores son justos, nobles. Se están abriendo paso ante un futuro que se adivina incierto.

            Todo un pueblo olvidado, traicionado, pero tenaz, coherente, que hace frente a las hostilidades. Con la vista puesta en el plebiscito. No son espejismos repetitivos, fugaces, es la cruel realidad.

             La llegada de los intrusos fue el principio de su miseria, la incoación de sus padecimientos. Pero no tienen miedo. Sus grilletes se romperán definitivamente, porque la verdad les acompaña.

             No es tiempo de llorar, de verter lágrimas amargas. Pronto estaremos todos juntos, riendo, sabiéndonos soberanos de esta tierra, ante una hermosa y apacible Luna que sólo se deja ver así en el desierto.


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